jueves, 16 de mayo de 2013

Memorias Olvidadas.

Llevo tiempo queriendo escribir lo que voy a escribir, sólo que las palabras para hacerlo o no eran las más correctas, o simplemente se me escapaban. En este atrevimiento, que esperemos no sea fallido, intentaré explicar lo más claro posible lo que se me pasa, desde hace ya mucho tiempo, por ésta mi cabeza pensante.

Pasa y resulta que los españoles somos vistos, a lo largo y ancho del globo, como un pueblo que lleva siendo atrasado y salvaje desde el mismo momento en que nació de la tierra. Una visión que, como no, compartimos nosotros mismos.

El por qué de que compartamos una visión tan oscura y patética de nosotros mismos con aquellos que se esfuerzan (con éxito) en hacernos creer tal cosa, está claro: nuestros propios políticos y dirigentes les siguen la corriente, no vaya a ser que saquemos el orgullo y los echemos a la calle.

Hagamos una mirada comparativa con países vecinos, primero. ¿En Inglaterra se ven como unos salvajes conquistadores, avariciosos y sanguinarios? Creo que la respuesta es obvia: no. Y mira que nuestros hermanos de los calcetines y las chanclas han tenido uno de los imperios más extensos y poderosos que ha parido la historia. Claro que, después de cómo nos tienen por allí a nosotros, digo yo que lo habrán conseguido a partir de pachanguitas de fútbol y de críquet, que tan bien se les da. No vaya a resultar que consiguieron tantos territorios a lo largo del mundo a base de espadas y mosquetes, ¡por Dios!

Y digo yo que los franceses, holandeses, alemanes y rusos (entre otros), también. Es pues evidente que fuimos los españoles los únicos que derramamos sangre al forjar ese ''imperio donde nunca se ponía el Sol''. De ahí que, en lo que a finales de la E. Media y principios de la E. Moderna, España diera algunas de las hazañas más emblemáticas de la historia (todas o las mayorías de las cuales, por supuesto, se han olvidado).

Otro paralelismo con nuestros vecinos es que a sus más ilustres generales se les tiene como héroes nacionales aquí y allí, sirva de ejemplo Lord Horatio Nelson, ese héroe británico que tan vivamente combatió contra nuestros colegas españoles del pasado. En Inglaterra, a este héroe nacional se le conmemora con calles, con monumentos y con un lugar destacado en la historia, que se toman vivas molestias en enseñar en su presumiblemente avanzado sistema educativo.

Por nuestra parte, el pueblo español ha olvidado a sus propios héroes nacionales: Blas de Lezo, por ejemplo, ese cojo, tuerto y manco que venció con seis navíos y al rededor de 3.000 hombres a la mayor armada que ha visto el mundo (180 navíos y 23.600 hombres), salvo por la que invadió Normandía en tiempos más modernos. Y no sólo los ha olvidado, sino que muchos de ellos no sienten sino desprecio por aquellos que consideran unos sanguinarios, y que no eran más que unos generales que defendían los intereses de su país a lo largo del globo, como hacían sus homólogos extranjeros. Vamos, unos tipos que hacían su jodido trabajo. De hecho, los historiadores extranjeros que vienen aquí salen sumamente sorprendidos de que historias como ésta tengan como mucho una anotación en dos o tres enciclopedias que nadie lee ni quiere leer.


                                                           Don Blas de Lezo, 'El Medio-hombre'.

Porque todos sabemos de Trafalgar, por poner un ejemplo fácil. Todos nos sabemos derrotados, humillados. Vencidos. Y sólo unos pocos de nosotros recordamos victorias como la del Sitio de Cartagena de Indias, la 'Expedición a San Juan' o al valiente Churruca, ese brigadier al que mutilaron la pierna, y lo primero que hizo fue meter lo que quedaba de ella en un cubo de harina para sostenerse y seguir combatiendo él sólo contra seis navíos ingleses hasta la muerte. Algo que de salir en una película de Hollywood, todos conoceríamos y admiraríamos. Pero España no es un país de héroes olvidados, sino de villanos muy presentes.


                                Muerte de Churruca en el San Juan Nepomuceno, rodeado de sus hombres.


No es lo mismo pensar en la hegemónica Gran Bretaña o la brillante Francia que en la pobre, pobre, pobre España. Porque si algo odiamos de nosotros mismos, es aquello de las colonizaciones. Es terrible haber colonizado territorios de los cinco continentes a base de luchas y más luchas. Repito, deberíamos haber aprendido de nuestros vecinos europeos: a base de fútbol y parchís, a lo sumo.

Y la cosa no acaba ahí: lo más penoso del asunto es que son los propios españoles los que han elegido olvidar su propia historia, hacer como si ésta no hubiera existido. Para qué aprender de nuestros errores, para qué ver lo que fuimos y lo que somos (por nuestra culpa), para qué ver que los españoles no somos ni más, ni menos que el resto. Eso son cosas absurdas que no sirven para nada. Es mejor y más cómodo dejarse odiar y odiarse a uno mismo por esa leyenda que rula por ahí de que somos de lo peorcito que ha dado el mundo.


                                                                  El Jesús del Gran Poder.


Naciones tan jóvenes como Estados Unidos han aprendido que olvidar una historia no implica hacerla desaparecer. Por eso, pese a intentar tapar la de barbaridades que hicieron con los indios nativos, ahora intentan (unos más, otros menos) proteger su legado. Incluso la todopoderosa Alemania, que tiene más motivos para borrar la suya reciente que nadie, ha decidido plantar cara a su pasado y hacer saber al mundo que no son estúpidos, que de los errores se aprende y que para eso están.

Nosotros, por nuestra parte, nos quedamos agazapados como niños raros en una esquina, sin amigos. Porque no es que no podamos tenerlos, es que no queremos. Porque de pocas cosas tiene España que avergonzarse, aunque de las que tiene, debe hacerlo mucho. Ejemplo de ello es que hemos sido un pueblo que ha preferido una esclavitud abierta (o tapada, en el mejor de los casos) que la libertad de un pueblo independiente. Ese ''¡vivan las caenas!'' que rubricó en las calles de Madrid al recibir a nuestro opresor con alegría. Que ya puestos a que nos aplasten, al menos que lo haga uno de aquí. ¡Y olé!

Queda claro entonces que no somos sino el resultado de un pasado que preferimos obviar a enfrentar. Digo yo que, habiendo hecho ni más ni menos que lo mismo que hicieron el resto de naciones poderosas en su tiempo (la mayoría de las cuales, lo siguen siendo), tampoco se nos dio tan mal. Por nada más y nada menos que unos cuantos siglos, fuimos el ojo del mundo, el ombligo de todas las naciones que tenían voz y voto. Y no hay que remontarse tanto tiempo atrás. Otras hazañas emprendidas por españoles también son el haber cruzado, con el Jesús del Gran Poder (que terminó desapareciendo sin dejar rastro), como nunca antes el Atlántico central, desde Sevilla hasta Cuba en avión, en 1933; el haber descubierto el sistema nervioso; el haber sido la vanguardia de la liberación de París de manos de los nazis (9ª Compañía Leclerc), que fueron los primeros en entrar en París, en disparar sus armas contra los alemanes y en arrestar al Alto Mando alemán que ocupaba la ciudad.


                                                  La Nueve, 9ª Compañía Republicana de Leclerc.


Claro que nada de eso importa, puesto que siempre seremos recordados por una Inquisición que en realidad fue de las más suaves de Europa (y ésto lo escribe un servidor, que es ateo y ferviente crítico con la Iglesia), por unas conquistas que no fueron en nada diferentes a las realizadas por británicos, franceses, alemanes, holandeses, rusos, chinos o de dónde quiera usted referirse, por una cantidad ingente de humillantes derrotas a manos de nuestros enemigos, olvidando que, si fuimos los dueños del mundo durante más de dos siglos y una potencia peligrosa durante dos siglos más, no fue por perder.

A los españoles nos gusta olvidar. Nos gusta olvidar quiénes somos, de dónde venimos y cómo hemos llegado hasta aquí. Nos encanta pensar que esa casta de dirigentes nefastos y traidores que siempre hemos tenido han estado ahí porque alguien los ha colocado, obviando que hemos sido precisamente nosotros los que los hemos puesto ahí o, en cualquier caso, dejarlos estar.

Y no son otros que éstos dirigentes los que nos han convencido siempre que no somos nada, que mejor estar en el sofá sentados viendo el fútbol que estando orgullosos de lo que hemos sido y de lo que somos y cuidando una imagen de la que hace tiempo nos privaron. Mejor que nos hagan pensar que poner una bandera en tu casa es fascismo, algo deleznable y espantoso, que un signo de patriotismo como otro cualquiera. Eso sí, si España gana algo en fútbol, las banderas a las calles. Prohibido quemarlas, que es la costumbre. Mucho mejor, por ejemplo, tener en sudaderas las banderas de Estados Unidos o Inglaterra, que la nuestra, queda más bonito. ¡Dónde va a parar! Repito, nuestra bandera es y será siempre un estandarte del fascismo.


                                             Banderas republicanas en recuerdo de 'La Nueve'. París.


Y digo más. ¿En qué momento estar orgulloso de tu historia y de lo que eres es algo malo? Hombre, viendo cuáles son las naciones más poderosas y avanzadas del mundo, a mí me da que no. Un pueblo que desconoce sus orígenes e ignora a las personas que derramaron su sangre para que ellos estén ahí, es un pueblo muerto, perdido. Ignorante, nuestro mejor adjetivo.

Relegamos a nuestras etiquetas ideológicas la labor de decidir qué es para nosotros el progreso y qué no. Que me diga algún partido de los denominados 'de derechas' qué es, y que me lo diga uno 'de izquierdas'. ¿Seguro que coinciden? Entonces quizás sea porque España sigue partida en dos porciones. Porciones formadas por gente que ni sabe ni entiende qué es el progreso.

El progreso se consigue aprendiendo de los errores pasados, y no mirando atrás, sino adelante. Sólo nosotros podemos elegir qué camino escoger: la cuesta abajo hacia la oscuridad, que es lo más fácil y hacia donde vamos ahora mismo, o cuesta arriba hacia el progreso, más complicado, pero con unas vistas infinitamente mejores.

Que no te digan pues que eres menos que nadie. Porque tus antepasados dominaron el mundo, y tu eres la herencia de una historia que ha dejado más héroes que villanos, más honor que vergüenza. Y si llegas arriba del todo, ascendiendo esa cuesta, si haber alcanzado el progreso y haber honrado la memoria de aquellos que dieron su vida por tu libertad no te vale, siempre puedes llegar y escupir para abajo, a ver a quién le cae.

ZILD

4 comentarios:

  1. Es complicado escribir un artículo de opinión, siempre he creído que objetividad y subjetividad deben conjugarse de una manera muy especial para que salga algo decente.

    Personalmente estoy de acuerdo con lo escrito. Me considero apolítico, no me gustan esos "carriles" ideológicos; prefiero fiarme del gran experimento de la humanidad: La Historia. Por eso me encanta todo lo que has escrito. Fantástico.

    Buen viento y buena vela.

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  2. Se agredece el comentario y el apoyo, Capitán.

    En temas así, es mejor quitarse los pelos de la lengua y apoyarse en lo único que la gente decente cree: los libros. Lástima que tenga uno que leer nuestra historia desde autores extranjeros.

    Aquí no interesa saber de dónde venimos ni el cómo hemos llegado hasta aquí. No sea que nos demos cuenta de los gilipollas que hemos sido por aguantar a quienes no debíamos aguantar.

    ¡Muchas gracias!

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  3. Fantástico, como siempre. Sobre todo, me ha llamado mucho la atención a alusión a que la bandera de nuestro país es un símbolo del fascismo. Ello, según mi opinión, tiene dos grandes culpables: los fascistas de nuestro país, que se apropiaron de ella convirtiéndola en su signo (nos la robaron), y nosotros mismos, por haber permitido sea así. Identificamos (y yo me incluyo, pues hasta hace poco era así), la bandera rojigualda con Franco, sin saber que también fue la bandera de la Primera República, aquella breve etapa de buenas intenciones y pocos resultados. Identificamos el escudo del águila bicéfala con Franco, obviando que fue el símbolo de los Reyes Católicos, aquellos que iniciaron el poderío español a lo largo de los mares.

    Con respecto a los héroes y villanos, todos cometemos un grave error. Juzgamos los hechos del pasado con la mentalidad del presente. Eso es un error que nosotros, historiadores en potencia, tenemos que aprender a solucionar... Que la conquista de los indígenas americanos fue un genocidio, una masacre... es innegable; escudarnos en que el resto de potencias también lo hicieron, creo que es un argumento nimio. Pero lo que sí es cierto es que en aquella época, era bueno, o cuanto menos, normal. Por tanto... nosotros no debemos juzgarlo, sino estudiarlo y aprender de ello.

    Como te digo, estoy de acuerdo con todo lo que dices, amigo. Un abrazo grande.

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  4. ¡Gracias, Julio! Tienes mucha razón en que no podemos juzgar el pasado con valores del presente (ni al revés), pero desgraciadamente es a lo que se dedican muchos 'ilustrados' de hoy.

    Esa leyenda negra que rodea la historia de España es fruto de los rencores de siempre con nuestros colegas europeos, especialmente británicos, cuando no hemos sido, como he dicho, ni más ni menos que otro país más en un mundo en expansión.

    Gracias por el comentario y por el apoyo, compañero. Anima mucho a seguir adelante, aunque a veces cueste.

    ¡Un abrazo, amigo!

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