lunes, 22 de abril de 2013

Esa Maltrecha Bandera.

Buenos días damos y damas y ante todo disculpas por el retraso, dos semanas son muchos días sin publicar estupideces, ¡y eso no puede ser!

Como tema y guión, hoy les traigo una nueva reflexión de esta mi cabecita pensante, un guión que escribe, sobre todo, la sociedad española, que no olvidemos es especialista en fustigarse a sí misma y en confundir errores pasados con fórmulas para el éxito futuro.  Comencemos.

Allá en tiempos pasados, la mujer (ese gran invento que deja al hombre a la altura del betún, en belleza y sofisticación) era perseguida con miedo y temor, incluso desprecio. Estos sentimientos estoy seguro, venían del miedo del hombre a verse superado por alguien más inteligente, más refinado y mucho más preciso. No olvidemos que la mujer, cuando tiene un objetivo, no para hasta que lo consigue, de ahí que los hombres nos rindamos tan pronto en las discusiones con ellas, porque seamos sinceros, pa' qué discutir si va a terminar ganando sí o sí.

Excluida de opinión, de prestarse al debate, a la pluma o a la espada, la mujer aguardó su momento con infinita paciencia, momento que no llegó (y mira que transcurrió tiempo) hasta los tiempos de la Segunda República Española que, con todos sus errores y sus manchas de negro, brindó no sólo a la mujer, sino a muchos otros colectivos antes olvidados, la posibilidad de presentarse en sociedad como instrumento del saber y de la acción; de la razón, o de la sinrazón.


                                                         Proclamación de la Segunda República (1931).

Comenzó entonces una carrera sin meta concreta por alcanzar aquello que conocemos (o conocíamos) como ''igualdad'' y como ''justicia'', términos que eluden al derecho de ser, por querer y poder, igual que el resto. Por desgracia, esa carrera se vio algo interrumpida por una mancha que no borraremos de nuestra memoria en mucho tiempo. El franquismo (y el fascismo europeo en general) puso fin a muchos sueños, a muchas cosas que se estaban haciendo y dejaron de hacerse, a muchas ideas que veían la luz al final del túnel y que tuvieron que ver como la salida de este era sepultada bajo toneladas de cinismo, locura y odio.

Poco a poco, el oscuro velo que se tupió allá en 1939 fue levantándose, y los españoles fueron recuperando gota a gota esa libertad que ya creían olvidada; extinta. Y poco a poco, también, fueron olvidando el significado de la justicia, el significado de la igualdad y el significado de la libertad, en todos los sentidos.

Decía Nietszche, ''Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en un monstruo. Cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo termina mirando dentro de ti''.

En nuestra lucha por superar (de mala manera, todo sea dicho) la vergüenza de haber padecido lo peor que una nación puede padecer, que es una guerra entre hermanos y una dictadura militar de corruptos y degenerados, hemos olvidado cuáles eran las armas y las banderas del monstruo, y cuáles eran las nuestras, de manera que ahora, siempre que queremos coger alguna, muchos se equivocan y luchan con el arma equivocada, bajo la sombra de una bandera que no es la suya.

¡Y absténgase de decirle que se equivoca! Podrían llamarle de todo y meterle en una lista negra de la que, por razones obvias, no podrá salir. Y es que hemos luchado tanto y tan duro y tan mal contra ese monstruo, que ya no reconocemos al bueno del malo, al monstruo del caballero.

Y a todo esto quiero referirme con que, si has superado esa vergüenza y tienes la férrea idea de que es hora de salir adelante, te topas siempre con los mismos sectarios que llevan encerrados en una jaula de prejuicios desde el mismo día en que las ideologías fueron inventadas. Porque es de sobra sabido que en España, si eres de derechas, eres un fascista (y por tanto, el malo) y si eres de izquierdas, eres un rojo (y por ende, el bueno de la película). No hay, porque no quieren que haya, termino medio. Una posición intermedia está tan mal vista por ambas partes que aúna los dos adjetivos malditos a la par. Porque en España no interesa olvidar ni aprender. En España lo que importa es luchar contra el enemigo, un enemigo que no lo es por tener armas y una posición que defender o tomar, sino un enemigo por sus ideas, por pensar diferente.


                                                   Cuánto nos costó todo esto, y cuán rápido se ha olvidado. 

Muchos pensaréis que es exagerado, pero sólo tenéis que mirar nuestra pobre justicia, nuestra deprimente televisión y, si aún os queda estómago, nuestros demagogos y pútridos políticos, más interesados en llenarse el bolsillo que en llevar a su país a donde le corresponde por derecho. Lo peor de estos animales (porque personas no son, ni lo serán jamás) es que utilizan al Pueblo (sí, sí, al Pueblo mismo que les da el poder y se lo quita) para conseguir sus objetivos. Un Pueblo ciego, humillado, carente de fe en sí mismo. Un Pueblo que ha preferido olvidar su brillante historia antes que aprender de ella. Un Pueblo que ha olvidado que esos que ahora destruyen todo por lo que han luchado y han derramado su sangre, su sudor y sus lágrimas, están ahí porque ellos han escrito su nombre en un papel y lo han depositado en unas urnas.

¿Y a qué viene todo esto? ¿Qué tiene que ver esto con la mujer y su lucha por la igualdad? Pues tiene que ver en que, conseguido la casta de animales sus objetivos (que olvidemos de dónde venimos y cómo hemos llegado hasta aquí), hemos olvidado el significado real de las cosas, y nos han enseñado el significado que ELLOS quieren que tengan. A saber:

1º Libertad de expresión es aquello que te permite decir lo que quieras, siempre y cuando no sea diferente que lo que digo yo.

2º La igualdad es algo importante. Por eso las mujeres no deben luchar por ella, sino dejar esa lucha en manos de mujeres seleccionadas por hombres en el poder. Mucho más justo.

3º La justicia es para todos igual, menos si eres diferente de nosotros. Entonces para ti es más severa, porque tú no eres yo, ni mereces serlo.

4º El adoctrinamiento es algo que debemos imponer nosotros como nos de la gana, que para eso estamos en el poder. A partir de ahora, al adoctrinamiento lo llamamos educación. Punto.

5º La objetividad es algo del pasado. La demagogia y el populismo es lo que llevará a España a estar en su lugar: a la altura de Perú, Congo o Venezuela.

6º El criterio es malo. No lo tengas. Si lo tienes, llama a tu médico y que te lo quite de inmediato. Si piensas diferente a nosotros eres un fascista que debe ser eliminado cuanto antes.

Punto por punto y con el paso de los años, nos han enseñado que ellos son los que deben imponerlo todo, que ellos son el orden natural de las cosas y que nosotros no podemos ni debemos hacer nada. Debemos olvidar el por qué luchamos contra ese monstruo, el cuándo empezó esa lucha y el cómo la ganamos. Usted, bicho pensante, si piensa distinto, o si se atreve a cuestionar La Verdad, que es la suya y ninguna otra, debe ser fagocitado por los organismos autocorrectores del Estado, para volver a formar parte de una sociedad cínica, politizada y con el mismo criterio que las ramas de los árboles. Siempre apuntando hacia el viento que más sopla, olvidando todo lo demás.


                                                                      Esquema sencillo, para ilustrar y tal.

Porque en España, la izquierda ha estado y sigue estigmatizada por su lucha contra el fascismo. La izquierda es ese caballero que luchó contra ese monstruo que era el fascismo de Franco, el de Hitler o el de cualquier otro perro sarnoso. Ese caballero que de tanto mirar al abismo, se dejó subyugar por él. Y las mujeres, esas heroínas olvidadas que siempre nos han levantado cuando ya no podíamos más, nos dieron agua cuando nuestra garganta crujía de sed, nos dieron la espada cuando la nuestra estaba rota y lucharon, murieron y lloraron con nosotros, han olvidado que son ellas el motor de la igualdad, el motor de la justicia y el motor de la libertad. Son la bandera que da sombra al caballero, los ideales de carne y hueso que dan fuerza a este, son el caballero mismo en su armadura. Son su sangre, su sudor, y su esperanza.

¿Dónde estáis, heroínas olvidadas, ahora cuando más os necesitamos? ¿También, como el caballero, os habéis dejado subyugar por el monstruo? Ya no importan tus principios, no importa que estés dispuesto a morir por defenderlos, no importa que estés dispuesto a dar tu vida por los demás, a quebrar tu espalda por tu país y por tu pueblo. Ya no importa el qué escribe la pluma, sino el quién. Ya sólo importa la persona que está detrás de las palabras, y más aún, su ideología. Porque no es lo mismo que escriba alguien afín a nuestras ideas, que alguien que lucha contra ellas, por muy verdadero que sea lo que escriba.

Ahora, la igualdad es defender a muerte lo que esas mujeres, las colocadas por los poderosos y su pútrida palabra, digan. Defender el legítimo lugar de la mujer (que es a la vera del hombre, bebiendo y aprendiendo el uno del otro) ya no es defender la igualdad. Porque si luchar por ella significa contradecir lo establecido, estás fuera. No merece mención salvo para el desprestigio de sus palabras y sus acciones. Por lo visto, el valor no consiste en atacar una ley de género que se preocupa más de la etimología de las palabras (''miembros y miembras'', ''actores y actoras'', etc) que por luchar por los derechos de la mujer, porque pueda llegar a lo más alto tan fácil o tan difícil como el hombre. Eso no importa, porque eso no es igualdad. Igualdad es lo que ellos digan, y procure usted, fascista, criticarlos.

Ahora, la libertad es aquella que ellos quieran darte, no aquella que te corresponde como ciudadano, por nacimiento. El valor de la educación (no ya del conocimiento en sí, sino de la educación en mayúsculas) es aquel que sus señorías le den, y usted debe obedecerlo. ¡Y muy bien que lo hacen! Porque no se le ocurra criticar ni cuestionar las leyes establecidas por la izquierda y la derecha (en España más la primera que la segunda) pues serás nombrado ''Monstruo'', de manera oficial y con toda la pomposidad propia de tan insigne cargo, y destruido como tal.

Ahora, a la vista de todo ello, la justicia debe estar llorando en una esquina o vendiéndose en otra. Porque ya, gracias a nosotros mismos y a nuestra vaga visión entre líneas, es lo que le queda, si quiere seguir existiendo en este nuestro deshonrado país de cínicos (y cínicas) y traidores (y traidoras, claro)..

Porque ahora tiene usted que pertenecer a aquellos que quieren quemar la bandera y destruirlo todo, para poder ser aceptado como ciudadano español ''del montón''. Porque destacar, a todo esto, tampoco está bien visto, salvo si lo hace desde la televisión y la vergüenza ajena o desde el populismo y la sinrazón.

¡No se le ocurra decir que es español y está orgulloso de ello! Salvo, por supuesto, para el fútbol: para eso puede ser más español que Naranjito.

¡Que no se le ocurra creer en otra forma de hacer política, en cuestionar aquello que esa casta de animales catetos y desvergonzados han dispuesto, o serás enemigo del Pueblo y del Estado!

Recuerde usted, ciudadano, quién es. Recuerde cómo ha llegado hasta aquí y sobre todo recuerde a aquellos que lucharon para que estuviera. No se deje engañar por las mentiras y las patrañas de aquellos que, bajo la maltrecha bandera de ese caballero que lucha contra el monstruo, dicen ser el caballero mismo, cuando son sólo una armadura hueca, hecha de mentiras, de maldad, de avaricia y deshonra. Es usted más que eso, mucho más, y que no le llamen loco por creerlo. La verdad está ahí fuera, en la Historia, en los libros. Sólo hay que leer un poco, arañar esa capa de suciedad que han depositado sobre ella para averiguar quienes somos y de dónde venimos. Sea usted ahora quien vista la armadura, recoja la bandera del maltrecho caballero y enarbole su arma contra aquellos que quieren destruir todo por lo que su familia y la mía han luchado.

Coja su pluma y escriba, como escribo yo. Porque las palabras tienen un alto precio si las lanzas contra ellos pues las armas, por si solas, pueden romperse, pero la fuerza y el valor de la pluma puede mover el mundo. Y si esa mujer, que dio de beber y dio fuerzas al agotado, débil y vencido caballero, coge esa pluma y decide, de una vez por todas, escribir ella misma su propio porvenir, y perseguir esa meta que muy pocos persiguen, quizás haya esperanza para este pueblo humillado y olvidado de sus propias hazañas. Quizás este pueblo no haya escrito todavía el siguiente capítulo de esta historia que es la nuestra. Quizás, y sólo quizás, sean por fin la pluma y la razón las que nos saquen de este oscuro agujero al que calló, y nos arrastró, el maltrecho caballero.

ZILD

4 comentarios:

  1. Realmente sublime. No sé cómo catalogar esta entrada... pero te puedo asegurar que es la mejor que he leído en toda mi vida. Sabes de lo que escribes y lo expresas bien, y has dicho verdades como templos. Verdades que yo mismo, este caballero de izquierdas que antaño se dejó consumir por el monstruo, reconoce que duelen. Por suerte, ahora mi lanza apunta contra los que impiden que este país progrese adecuadamente, aunque la siga empuñando con la mano izquierda.

    Un saludo, y pásate por mi Zoberao de vez en cuando, aunque los temas que trato ahí son menos reales que los que tratas tú y, quizás, algo pastelosos (de momento).

    Un saludo.

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    1. ¡Eso está hecho! Y muchas gracias por el comentario, se agradece mucho :)

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  2. Apabullante. Tremebundo. Demoledora tormenta que abate a paso firme los castillos de aire y mentiras. Me ha sorprendido gratamente tu capacidad de conmover al lector, de conmoverme a mí. Esto debería leerlo mucha gente, personas o no. Cierto es que discrepo en algunos aspectos, pero es innegable la inmensa calidad de estas palabras tuyas. Sigue así.

    Buen viento y buena vela.

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    1. El tener el valor y la audacia de saber decir qué es bueno y qué no, aún cuando no compartes sus ideas (o algunas de ellas) es un don que muy poca gente tiene y que a mí, personalmente, me costó mucho conseguir. ¡Es un honor!

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