jueves, 30 de mayo de 2013

Gatos y Ratones.


Atención, pregunta:

¿Hace falta recordar que cometer un delito está mal, pero hacerlo ocupando un cargo público es mucho peor? Supongo que sí, en vista de las estimaciones de votos de los tres primeros grandes partidos.

Pero vayamos al asunto concreto. Construyamos la idea peldaño a peldaño. Retrocedamos, como siempre, unos cuantos y no pocos años atrás.

Si bien nos han pintado la transición como algo modélico -con sus muchas cosas buenas-, no hizo más que abrir la tapa de la alcantarilla para dejar salir a una legión de ratas que hoy ocupan nada más y nada menos que los cómodos asientos del Congreso.

Ratas que se hacen llamar políticos, que deberían ser gente de bien, gente de honor, que no conciba la mentira ni la manipulación de su pueblo en pos del beneficio personal y demás aptitudes que considero fundamentales para aquellos cargos que llevan a sus espaldas la capa de la justicia, la libertad y la democracia.

Sin embargo, pasa y resulta que nuestros políticos -más bien la mayoría de ellos, no todos- no tienen ninguna de esas aptitudes anteriormente nombradas, pero sí que tienen otras: favor por la mentira, por la falsedad, por la demagogia, la desvergüenza, la deshonra y la nula capacidad moral y de principios éticos.

Claro que, como siempre he dicho y diré, esa gente de corbata y maletín no está ahí por favor de uno o varios dioses, como harían -o decían hacer- los reyes déspotas de la Edad Media, sino que es el propio pueblo el que los ha colocado ahí.

Como ratones, hemos votado a un gobierno de gatos. Que si bien no son el demonio -aunque me faltan dedos para nombrar a los que sí lo son- no comen lo mismo que los ratones, ni les gustan lo mismo que a éstos, ni piensan igual. Los gatos pues hacían buenas leyes, pero eran leyes buenas para los gatos, no para los ratones. Una de éstas decía que las entradas a las ratoneras debían ser redondas, y lo suficientemente grandes para que un gato metiera la pata. Otra, por poner otro ejemplo, decía que debían ir a ciertas velocidades, para que el gato pudiera conseguir desayuno sin demasiado esfuerzo físico. Como veis, son leyes buenas, pero sólo para los gatos.

Así, los ratones, cuando no podían más, acudieron en masa a las urnas, y echaron a los gatos negros. Eligieron a los gatos blancos.  Éstos decían que el problema era de visión. Que las puertas no debían ser redondas, sino cuadradas. Cuando ganaron, los gatos blancos cambiaron las entradas y las hicieron cuadradas, que eran el doble de grandes, y podían meter ambas patas por ellas.

Cuando no podían más, volvieron a las urnas. Volvieron a elegir a los gatos negros, y luego a los blancos de nuevo. Probaron con gatos mitad blancos, mitad negros: lo llamaron ''coalición''. Incluso probaron gatos con manchas. Eran gatos que querían sonar como ratones, pero comían como gatos.

Resultó que el problema no era el color de los gatos, sino en que ERAN gatos, y por tanto miraban por su interés, y no por el de los ratones.

Entonces aparece un ratón de entre la masa, y lanza una pregunta: ¿Por qué no votamos a un ratón? Los gatos, asustados, encierran al ratón rebelde y le prohíben hablar con el resto.
Olvidan que se puede encerrar a un ratón, pero no a una idea. Ahora sólo hace falta que la idea germine para que los gatos dejen de gobernar, y la colonia sea gobernada por figuras que se preocupen del bien de ésta, del bien de los ratones, no del bien de los gatos.

Ésto es exactamente lo que pasa en España. Nos preocupamos más de votar en pos de la persecución de una ideología en lugar de una figura cercana a la ciudadanía que, aunque no coincida con nosotros en todo, si parece preocuparse por el bien de su país, por el bien de su pueblo. Un POLÍTICO, en mayúsculas y con todas sus letras.

¿Cuál es el resultado de haber votado siempre a gatos negros, gatos blancos, gatos mitad negro, mitad blanco y gatos con manchas? Para responder sólo hay que mirar números, sólo hay que leer un par de páginas de algún libro que premie la memoria. ¿Acaso España no tiene potencial para ser una de las primeras potencias del mundo, sin hambre, sin pobreza, sin prejuicios? ¿Acaso no tiene derecho ni capacidad para ser gobernada por ciudadanos demócratas y gente de principios?

Puede ser que no, al menos eso es lo que parece creer el pueblo. Prueba de ello son esas estimaciones de votos de las que hablábamos al principio. Hagamos, por un momento, ejercicio de memoria.

España es un país que ha sufrido -y sufre- la presencia de una sanguinaria banda terrorista, con más de 800 asesinatos a sus espaldas, ha sufrido un atentado terrorista, el 11M, que se llevó a 200 ciudadanos de golpe, curiosamente poco antes de unas elecciones y, entre otras muchas cosas, un desastre aéreo en el que perdieron la vida 62 militares españoles que volvían a casa de Afganistán.

Vayamos por partes, para desenmascarar con más detenimiento a los gatos pulgosos que nos gobiernan y nos han gobernado.

En primer lugar, los gobiernos se han puesto la etiqueta y las medallas de la lucha antiterrorista, si bien pactaban con ésta banda armada e incluso, como ha salido a la luz esta misma mañana, se le dieron explosivos y los ya conocidos chivatazos para que escaparan de la justicia cuando ésta iba a ponerles el guante encima. Eso mientras asesinaban a civiles, policías y militares aquí y allá, contando por supuesto con el beneplácito de partidos políticos, que me abstendré a nombrar.

Ahora, claro está, todos estamos más tranquilos si dicen que la lucha armada ha concluido, sin tener en cuenta que cada cierto tiempo se encuentran zulos llenos de armas y explosivos, y peor aún, están en las instituciones, algo que no pasa en ninguna otra democracia del mundo.

En segundo lugar, el mayor atentado terrorista de nuestra historia ha sido encubierto y tapado a las buenas y las malas por estos mismos políticos. No sabemos realmente quién lo hizo, ni quién les pagó para ello, ni cómo lo hicieron -pues se dieron explicaciones, que se mantienen hoy en día, aún cuando se demostró que todo era una sarta de mentiras-. Claro que honrar la memoria de las 191 víctimas no está en las prioridades de nuestros políticos, que utilizaron el atentado como arma política para ganar unas elecciones, como si no bastara con tener las manos manchadas de sangre, para ahora utilizar esa sangre para convencer al pueblo de un cambio en el poder.

Hoy en día, y cada vez que un medio quiere dar nuevas explicaciones, se termina tapando esa información. ¿Por qué? ¿Qué esconden estos gatos que nos gobiernan? Mentiras, encubrimientos y demás materia ponzoñosa que el pueblo español no hace sino obviar, entretenido mientras tanto en meterse zancadillas a sí mismo.

Y en tercer lugar, el olvidado incidente del Yak-42. 62 militares españoles que volvían con sus familias de haber luchado en una guerra absurda donde, a día de hoy, siguen muriendo y ni se les menciona en los periódicos, no vaya a ser que nos demos cuenta.

Volando en un cascarón que ni pasaba las condiciones de seguridad, perdieron la vida en Turquía porque salía más barato alquilar esa basura que un avión que garantizara la seguridad de aquellas personas que arriesgaron sus vidas por el interés de un Estado que se olvidó de ellos.

Cabe destacar que estos aviones contaban con numerosas denuncias de los militares, que ''pasaban más miedo volando en eso que desactivando bombas en Kabul'', según la única denuncia de un militar noruego, que bastó para que dicho país dejase de alquilar estos aviones ex-soviéticos.

Por nuestra parte, militares españoles decían: ''reza por mí porque este avión es una mierda'' -José Antonio Fernández a su esposa, el mismo día de embarque-, ''son aviones alquilados a un grupo de piratas aéreos [...] sólo con ver las ruedas y la ropa tirada por la cabina te empieza a dar taquicardia'' -José Manuel Ripollés, en un correo electrónico a un amigo-. Así, innumerables veces los militares que volaban en aquella tartana relataron el miedo que sentían de embarcar en ella, pero el gobierno de entonces consideró que saldría más barato callar a los familiares de los muertos que alquilar aviones seguros para unos soldados que contaban, de media, con 30 años de edad.

Ahora, esas ratas que ocupaban asiento, y ocupan, en cargos públicos deberían de ser juzgados no menos que por alta traición, como en cualquier país civilizado que considere que la Justicia y la verdad son lo primero, por el bien del pueblo al que gobiernan. Sin embargo, ahí siguen.

Trillo, el culpable de todo esto, que ni se molestó en identificar a la mayoría de cuerpos, -al menos para dar a las familias el consuelo de llorar a su padre, su hijo o su hermano muerto y no a otro- sigue cobrando del heraldo público una muy buena suma de dinero como embajador en Reino Unido e Irlanda del Norte.

Aznar, que dio total libertad a Trillo para pasarse el turno de palabra por los huevos en el Congreso y ni siquiera tener que defenderse de las acusaciones del resto de grupos -se convirtió en un juicio- para pasar a acusar al resto de cómplices y culpables, sigue también cobrando con una mano y dando palos a quien quiere con la otra.

De Rajoy, que ya ocupaba el cargo que ocupaba por entonces, mejor no hablo. Creo que el muy animal ya se describe por sí mismo.

¿A qué viene todo esto? A aclarar lo barato que sale en España traicionar a tu país y a tus conciudadanos, lo barato que sale tener las manos bañadas en sangre y encubrir a otros que también las tienen. Mientras yo aquí escribo estas líneas y usted, lector, las lee, éstos personajes siguen cobrando dinero público y fumando puros a costa del contribuyente, felices y confiados de que el pueblo español es olvidadizo como un pez viejo, y está más ocupado intentando llegar a fin de mes que pensando con cabeza en quién se merece un voto y quién no.

Por mi parte, me parece ridículo que la ciudadanía siga más preocupada en meterle palos al que piensa diferente (las eternas batallas de las ideologías) que en señalar a los culpables de todo esto y de más cosas que siguen escondidas a nuestra memoria, a nuestro honor, a nuestra dignidad.

Es así, compañeros, como los gatos se ahogan en dinero y en una vergüenza que dejaron de sentir hace mucho, y los ratones, famélicos e idiotizados, olvidan que son ellos los que tienen la llave para cambiarlo todo. Olvidan que son ellos, de hecho, los que tienen la obligación de recordarles a estos políticos que salieron de las cloacas -que tan habitadas tenemos- que no están ahí por la gracia de ningún dios, sino que tienen la confianza del pueblo, y de fallarle, deberían estar fuera.

Claro que esto tampoco interesa, pues los españoles votan, y votan contentos, a aquellos partidos que han dejado claro que quieren mantener sus privilegios, que manifestarse contra sus políticas de austeridad extrema -e innecesaria, porque no se recorta donde hay que recortar- es terrorismo, pero triplicarse el sueldo, como han hecho varios miembros del gobierno nacional, o dejarse el sueldo intacto o subírtelo mientras recortas de todo a funcionarios y empleados públicos, como han hecho los listos de Andalucía, es democracia.

Disculpad que piense, y sin temblor alguno en el pulso, que democracia eres tú y soy yo. Democracia es el poder del pueblo, y parece mentira que haya que recordarle a éste que lo posee, que está en sus manos. Que el cambio no va a llegar hasta que el pueblo decida que debe hacerlo.

La historia de gatos y ratones no la he inventado yo, sino una persona mucho más lista que yo y de las más ilustres en su campo: Thomas C. Douglas, un canadiense que, además de ciudadano, era un POLÍTICO, de esos soñados y nunca llegados.

Su idea, su visión del mundo, pese a ser de muchos años atrás, como podéis ver es calcada a la situación española actual. Lo que debéis preguntaros, ratones, no es el por qué los gatos os aplastan y hacen leyes para gatos.

Lo que debéis preguntaros, ciudadanos, es: ¿hasta cuándo vais a permitirlo?

ZILD

2 comentarios:

  1. Bonita metáfora, a la vez que cruda, pues representa la realidad. Poco he de comentar aquí... a parte de darte la enhorabuena por tus artículos, siempre tan acertados.

    Y ahora me desplazo algo más abajo a leer un poco de "El sueño del ruiseñor".

    Un saludo, Lord.

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  2. En primer lugar una metáfora muy bonita. En segundo lugar reitero lo que he dicho en otro comentario: tienes que darle más leña a este género porque se te da de miedo. Confluyo muy bien contigo a modo de pensar y me haces darle vueltas a la cabeza. Si me haces a mi pensar aún conociéndote y sabiendo como piensas y teniendo la oportunidad de hablar contigo, imagínate a otro que no te conozca de nada o que no este muy informado sobre el tema. Puedes mover montañas, despertar conciencias, arreglar el mundo. Nada más. Enhorabuena tocayo.

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