domingo, 13 de enero de 2013

El problema está en el Joystick

¡Buenos días princesos y princesas!

Si estuviéramos en un ascensor podría deciros algo así como: ''supongo que estarán deseando saber por qué los he reunido aquí...'' Pero como nos encontramos en este enorme mundo llamado internet, paso a explicaros esta nueva entrada.

¡Saltan los periódicos! ¡Gritan los telediarios! ¡Mujeres y niños primeros, políticos después! ¿Pero qué pasa? Pues pasa y resulta que al otro lado del charco han vuelto a saltar las alarmas, han vuelto a abrir el cajón de ''debates absurdos'' para sacarse de la manga el as de la vergüenza. 

¿Que de qué estoy hablando? Pues de la clarísima relación entre que un niño de cinco años prefiera jugar con un RPG a un patito de goma y de los videojuegos. Ni que la ley de armas norteamericana tuviera la culpa. ¡Blasfemia!



Y oiga, que el tema no es nuevo, ni EEUU el único responsable. Ni más ni menos que la siempre presente Alemania prohibió hace unos pocos años los juegos violentos, pero tras recibir más de 73.000 firmas tuvieron que dar media vuelta, con el rabo entre las piernas. (Al menos figuradamente)

Alemania, Suiza, y... ¡Redobles por favor! ¡Noruega! Sí, ese país en el que un nazi le dio por cargarse a un montón de chavales porque se levanto despeinado ese día, o porque tenía pucherito para comer, váyase usted a saber.

Pues bueno, ya que están todos esos casos, algo tendrán que ver, maldita sea. Pues no, los estudios internacionales que se han hecho sobre el caso tienen una clara respuesta: los videojuegos NO influyen en las personas hacia la violencia. Más que nada, porque si lo pensáis, esa simple suposición achaca una mente débil, voluble y sin criterio alguno a los jugadores. 

                                                        Este va a dar problemas.

O, si lo preferís, pensad en esto: la prohibición de algo, ¿no es acaso el fracaso del argumento o nuestra capacidad para expresarlo? ¿Acaso la política de prohibición de las drogas impide a la gente drogarse? Y más cuando es conocido que muchos políticos y senadores de este y aquél país tienen sus divertidos raticos lúdicos. 

Los videojuegos violentos representan una ínfima parte de la producción y ganancias de este mundo, pues sus ventas suelen ser muy inferiores a las del resto de clasificaciones. 

Y digo más, nuestro querido mundo jugabilístico tiene el sistema de clasificación por edades más avanzado hasta la fecha (el sistema PEGI), muy superior al del cine, repleto de violencia, sangre, pus y mocos, y que sin embargo y para nuestra sorpresa, consta de mucha mejor reputación.

Pero nos desviamos, nos desviamos. Hablemos de EEUU. Nos encontramos con un país en el que, si a un tío le da por disfrazarse del malo de la última de Batman y mata a no sé cuántas personas, prohíben los disfraces (¿?) y si a un colgado le da por coger un fusil y liarse a tiros con los niños de un colegio, pues inventamos ropa antibalas para niños. VERÍDICO.

¿Para qué prohibir las armas? ¿Es acaso ese el problema? ¡Pues yo quiero mi jodida Desert Eagle! ¿¡Dónde está mi Desert Eagle!?

                                                           El baúl personal de todo gamer.

Y oye, que no se os caigan los mocos, porque la ANR (o Asociación Nacional del Rifle, para los más conservadores) ha ganado más de cien mil nuevos afiliados desde que estos sucesos inundaron nuestros periódicos, relegando a un segundo plano las líneas de contacto erótico, algo lamentable.

¿Qué dicen estos genios, estos intelectuales, estos nuevos Sócrates sobre el tema? Pues que ''a un hombre malo con un arma, solo lo para un hombre bueno con otro arma''. Olé, olé y olé, con dos cojones.

Y si después, nuestra hija de siete años se mete una bombona abierta por el culo y se dispara en la boca, prohibimos la sodomía de bombonas. Fácil y conciso. ¿Que tienes gripe? Fóllate a un leproso, a las dos semanas de la gripe ni te acuerdas. Receta de la abuela.

                                                             Su destino está en el ghetto. 

¿Y qué tiene a esto que decir el pueblo de los Estados Unidos de América, hogar de libres y valientes?
Pues poco o nada, estaban entretenidos enviando peticiones a la Casa Blanca para que hicieran una estación espacial militar como la Estrella de la Muerte. TAMBIÉN VERÍDICO.

¿Queréis más? Pues ahí van algunas de las leyes más brillantes de este país.

-Los peatones del Distrito de Columbia que salten sobre los coches para no ser atropellados, si lo tocan al caer, deben pagar los daños al vehículo.

-En Marshalltown, los caballos tienen prohibido comer bocas de incendios. Que después la boca nueva sale de los impuestos, ya basta.

-La ley de New Hampshire prohíbe dar golpecitos con los pies o seguir el ritmo de la música con la cabeza o cuerpo cuando estás en un bar, taberna o cafetería. Para hacer eso a la selva, salvajes.

   -En Ohio es ilegal tener al pez borracho, no vaya a ser que te coja la ranchera y la liemos.

¿Veis? Es una putada no poder darle un cubatita a tu pez para poder iros de parranda los dos juntos. Pero peor es saltar para salvar la vida. Que salvar la salvas, pero no te vayas a partir las piernas contra la luna del coche porque la pagas, gorrión.

   ¿Os sorprende? A mi no, para nada. El cinismo de esta clase de politicuchos y paletos de camioneta y bandera confederada (o no, que también los hay) no tiene límites. Lo bueno es que, si hay un apocalipsis zombi, lo pararán rápido, al menos si no se han matado entre ellos antes.


ZILD


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